Su maestro Nicolás era amigo de dos mecánicos: Nieto y Molina, éste último uno de los 3 ó 4 profesionales que “tocaban” motores Diesel en Sevilla. Nicolás les deja un espacio bajo el taller de torno, en la zona de los pecebres donde los caballos esperaban mientras arreglaban los carruajes. Eduardo comienza a trabajar para ellos en el nuevo taller, donde sigue aprendiendo, sobre todo de Molina, profesional muy pulcro que le contagió la costumbre de trabajar siempre con absoluta limpieza. Por aquél entonces, otro amigo, Luque, monta un taller en un corralón de la calle Arroyo y se lleva con él al joven Eduardo, que, con 18 años, repara por primera vez en Sevilla un motor Diesel Perkin P6. Allí conoce a Antonio Vidal, comisario de la Policía dedicado también al transporte. Antonio le pide que trabaje para él, a lo que Eduardo accede, para lo que se traslada a su nuevo lugar de trabajo, el taller de Sr. Mora, un mecánico de la empresa Pista y Obras, encargada de la construcción del Aeropuerto de San Pablo. De esa etapa recuerda Eduardo los camiones ingleses de aspecto chato y marca Thornycroft, entrando en fila por la calle Oriente, provenientes de Alcalá de Guadaíra cargados de albero. De manera que Eduardo trabaja ahora para Antonio Vidal, pero en el taller de Mora. Éste, al verlo trabajar, le ofrece seguir allí, pero ahora trabajando para él. Y Eduardo pasó a encargarse de la reparación de todos los camiones en el taller de su maestro Mora.